Wednesday, November 12, 2014

Two poems by Carmen Verde Arocha (Venezuela, 1967), my translation / Dos poemas de CVA


God Is Not Mad at Me

Someone took all the juice
contained in your hands.
They are clean.
Scents and smells bring so many memories.
Who has touched her body with his mind?
Different versions of us
might stem from the caress.
I don't know how the river came to be so wide,
and its waters wait for
God to cross barefoot,
in haste,
perhaps chased by a lover;
she will do anything he asks.
Let water finish what the ice started.
Your shadow slowly approaches,
it is not an outline on the ground,
I feel it coming, it's a color,
yellow or orange like your voice?
The shadow feels hunger and thirst.
Love is no longer a broken Hallelujah,
it isn't cold.
Your love has a floor and a home.
Today the sun is shining.

From Temperamentos, unpublished, 2014

Adobe

We stood by the market gates
waiting for the rain to stop.

Her face buried in the hollow of her hand, she
saw oranges, roots,
turkey vultures, tobacco pouches,
broken chairs, butterflies, ivory ants go by,
everything condensed in five coins.

It was a hot January morning
and yet it rained.
We could barter luck for produce.

Thirty-foot shoes are
the best after six PM.
She told men
she was taller than them.

Someone shakes his hairy and
thin arms in the market.

Distracted, she starts counting
finger by finger her scattered love.
The velvet starts coming unstuck
from her shoes. A blue-eyed beggar
approaches her.
He couldn't become herbs.
Meanwhile, in his wise eyes she saw
his good habits.
He ate his fish and potato soup,
always the same,
shaking one's sorrows off one's shoulders.

Outside the rain persisted.
We listened to the sounds
of the high brook.

The beggar buttoned every button
from start to end.
He tried to hide us all.
We couldn't move we were made of adobe.

The best thing was wish that
the beggar would go to the crust of the world.
Our glory lies in the river.

The promise was clear. Again the woven mat
heightened by the fire,
and love being returned to desire.

That January day
she kept staring at the rain
and the scent of the first kiss.

From Mieles, 2003. You can find more information about CVA and more of her poems in Spanish here.

Dios no está enojado conmigo

Alguien se llevó todo el zumo
contenido en tus manos.
Están limpias.
Los perfumes y los olores traen tantas reminiscencias.
¿Quién ha tocado su cuerpo con la mente?
Diferentes versiones de nosotros,
podrían surgir luego de la caricia.
No sé cómo el río se hizo tan ancho,
y sus aguas esperan
a que cruce Dios descalzo,
a toda prisa,
tal vez, perseguido por una amante;
ella hará cualquier cosa que él le pida.
Dejemos: el agua termine lo que el hielo ha comenzado.
Tú sombra se acerca despacio,
no es una silueta en el suelo,
la siento llegar, es un color,
¿amarilla o anaranjada como tu voz?
La sombra tiene hambre y sed.
El amor ya no es un roto aleluya,
no tiene frío.
Nuestro amor tiene piso y casa.
Hoy es un día de sol.

Del poemario inédito Temperamentos, 2014


Adobe

Nos paramos en la puerta del mercado
a esperar que dejara de llover.

Ella con la cara hundida en el hueco de la mano
veía pasar naranjas, raíces,
zamuros, tabaqueras,
sillas rotas, mariposas, hormigas de marfil,
todo resumido en cinco monedas.

Era una caliente mañana de enero,
y sin embargo llovía.
Podíamos cambiar la suerte por verduras.

Los zapatos con tacones de un metro
son los mejores pasadas las seis de la tarde.
Ella decía a los hombres
que era más alta que ellos.

Alguien sacude sus brazos velludos
y flacos en el mercado.

Ella entra en un descuido a contar
con cada uno de sus dedos su amor disperso.
El terciopelo comienza a despegarse
de los zapatos. Un mendigo de ojos azules
se le acerca.
No podía convertirse en hierbas.
Mientras, ella veía en los sabios ojos de él,
sus buenas costumbres.
El comía su sopa de pescado con papas,
siempre lo mismo,
y sacudir las penas de los hombros.

Afuera seguía la lluvia.
Escuchábamos el ruido
de la quebrada crecida.

El mendigo abrochaba todos los botones,
desde el principio hasta el fin.
Trataba de escondernos a todas.
No podíamos movernos éramos de adobe.

Lo mejor era desear
que el mendigo se fuera a la corteza del mundo.

Nuestra gloria está en el río.

La promesa fue clara. De nuevo la estera
avivada por el fuego,
y el amor devolviéndose al deseo.

Ese día de enero,
ella continuaba mirando la lluvia,
y el aroma del primer beso.

De Mieles, 2003. Pueden encontrar más información sobre CVA y otros poemas suyos aquí.



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